He escuchado esta pregunta en repetidas ocasiones. La mayor parte de las personas adquirimos las cosas cuando las necesitamos, o dicho de otra manera, primero tenemos la necesidad y luego buscamos el satisfactor, por ejemplo: primero me da sueño y luego busco dormir; primero me da sed, después bebo un vaso con agua; primero siento frío y posteriormente me abrigo; requiero comunicarme y luego busco un teléfono, por mencionar algunos. Los seguros son una gran excepción a esta regla. El momento más propicio para adquirir un seguro es precisamente ¡CUANDO NO LO NECESITAS! Para algunos, esto puede sonar extraño. ¿Para qué tener algo que NO necesito (y que además “me cuesta“? En el mundo de los seguros, hay que tenerlos ANTES de necesitarlos. Si se presenta la necesidad y no hay protección, ¡YA ES TARDE!

En este momento, me llega a la mente el recuerdo de un buen amigo que no contaba con Seguro de Gastos Médicos Mayores. Él decía: “… para qué si yo nunca me enfermo…”. Claro que no contaba con que la enfermita iba a ser su hija. Afortunadamente, la enfermedad no fue tan grave, la nena tuvo la atención médica necesaria y, todo quedó en un susto enorme, varios miles en el hospital y sí, un gran aprendizaje. En este caso aplicó el dicho:

“Ahogado el niño, a tapar el pozo”

Posiblemente, en tu historia de vida, conoces a alguien que se dio cuenta de la importancia de un seguro cuando ya era demasiado tarde. Ojalá que no hayas sido tú mismo, pero si es así, confío en que, como mi amigo del caso de arriba, ¡aprendiste!