Desde hace algún tiempo, me he visto en la necesidad de hacer uso de los nuevos parquímetros (que, como comenté en una publicación anterior, son operados por la empresa Ecoparq). Me di cuenta que requería traer conmigo un montón de moneditas (si aún no los has utilizado, ¡¡¡NO ACEPTAN BILLETES!!!) para poder obtener el boletillo de estacionamiento (porque sin ese… te ponen la araña ¡¡¡SIN PIEDAD!!!).

De pronto, le encontré utilidad a todo ese cambiecillo que tenía guardado en un bote de ahorro. Cuando accedí a él, me di cuenta que de monedita en monedita, se juntó una lanita (pero bueno, eso será motivo de otra publicación). El punto es que me di cuenta que los parquímetros ¡¡¡¡únicamente aceptan 25 monedas de 1 peso!!!! Al inicio, comencé echando una por una, pero cuando quise insertar la número 26, ohhhh sorpresa… ya no se podía. La ranura de inserción (qué propio se escuchó eso) estaba ¡completamente bloqueada! Supuse que sería alguna cosa extraña, de esas que no tienen explicación, así que decidí aplicar el “… va de nuevo…”. Y, para fomentar mi capacidad asombro, recibí un “pues …va de nuevo…” como respuesta del dichoso parquímetro, así es, ¡misma situación! No lograba insertar 26avo. peso. Cancelé la operación “deshazte de tu morralla” y obtuve mi boleto con monedas de mayor denominación, sin embargo, no pude evitar maldecir un par de veces a la maquinita y tampoco quedarme con la curiosidad de qué había sucedido.

Segundos después de haber obtenido el boleto, vi que una señorita policía se aproximaba con su carita de: “¿y ahora a quién le pondremos la araña?“. Detrás de ella, un señorcito que empujaba el carrito con los inmovilizadores (alias arañas) y con una actitud de “ya me cansé de estar empujando estas chivas, ya me quiero deshacer de ellas“. Me apresuré a colocar el boleto en el auto, definitivamente no quería ayudar ni a la señorita policía ni al señorcito peligroso a lograr su cometido. Una vez que estuve a salvo -al menos por el tiempo que indicaba el boleto en cuestión- le comenté a la poli (digo, señorita policía) del posible desperfecto del parquímetro, a lo que me contestó un tanto desconcertada, pero muy amablemente:

“mmmm… nooooo, ahí sí que yo no le sabría qué decirle…”

Mi tiempo ya estaba corriendo y tenía unos asuntos pendientes, así que, después de haber levantado mi reporte con la señorita policía, simplemente me fui.

Para mi tranquilidad mental, a la siguiente oportunidad que tuve, eché a andar de nuevo la operación “deshazte de tu morralla” en un parquímetro distinto. Mismo resultado. Que alguien me expliqueeeee. Supongo que la capacidad de las maquinitas no da para más monedas. Si alguien sabe algo, por favor, ¡compartan!